Recuerdos.

El silencio que se respira en la ausencia de un cuerpo que es amado, que deja rastros de ausencia, que son solo recuerdos que desean vivirse de nuevo, que ya no viven, que se extrañan, que duelen, que se esperan con ansias, que es imposible sacar de la mente; de esos recuerdos que encierran, que viven al acortarse y mirar al techo; francos pensamientos que te derrotan, que te hacen no cuerdo, que no te dejan conseguir el plan perfecto para volver a eso que pasó que aun quieres que siga pasando, que no vuelve, que aún se lamenta, que terminó y nos dejó la peor parte; la parte de pensar en algo que debería no pensarse nunca más, que nos falta vida; esa que no vemos, esa que aún sigue mientras aún nos quedamos atascados en lo mismo; que deberíamos seguir y superar lo que aún no se va aunque queramos que se vaya; que no hay manera, que no existe la razón para dejar de pensar; sentir el vacío de lo que llenaba tal recuerdo;  que el café ya no sirve, ni el cigarrillo, tener la fé de que algún día ese vacío lo llenará algún hobby, alguna otra idiotez de nosotros, que cuando se acaba vuelve lo que siempre faltó. Que a veces nos quedamos en ese día que nos dolió hasta pensar; hasta que llega la noche o la hora de dormir y no dormimos para recordar ese momento y no pensamos más nunca de qué tanto daño no está haciendo ésto y aún seguimos con la sonrisa, trás la tristeza; la tristeza de los momentos que ya no están. Y jamás vivimos para nosotros, sino para el recuerdo que le quedó al que no olvida, y le dio igual a quién jamás le importó. 




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